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Mostrando las entradas de febrero, 2021

Comiendo con Spinetta

Fui a comer con Luis Alberto Spinetta. Era 2006, yo era su fan. Lo fui a ver a 27 recitales, los tenía contados. Yo no podía hablar de la emoción. Jorge Llonch, quien era secretario de Cultura de la provincia, le dijo: “Luis, te traje a este y te lo senté frente tuyo, porque es tu fan. Escribe las columnas políticas con citas de tus canciones”.   Spinetta era un tanto visco, me miró y me preguntó: “¿Qué letras de las canciones escribís en tus columnas”.   Ahí le fui con todo: “Para mí, Dos Murciélagos (canción de Para los Arboles) es la locura con los bancos y el corralito”. “Sí, acertaste. Te ganaste este pedazo de chinchu”, me dijo, y me puso la achura en el plato. Nunca dejó de ser el personaje, con ese halo de “Oh, soy Spinetta”. Prefiero a Andrés Calamaro.

Viernes

Los viernes tienen otro ruido en la ciudad. La gente habla como alterada, casi gritando. Pero este viernes también pasará.

Velatorios

Ya no se vela a muertos en sus domicilios. Sacarlos de ahí es la primera forma de expulsarlos de la casa familiar, de impedir que ese neón que ilumina de verde el cadáver permanezca hasta el fin de los días. De evitar que el dolor toque campanazos   en el cerebro cuando se ingresa al cuarto, generalmente al living. Las salas velatorias obnubilan, crispan. Hay olor a cala, a muertos en vida, a café quemado. Pero ya no hay muertos en el cajón, en casa.