Desde adentro

 Lo entrevisté a De la Rúa el 20 de diciembre de 2000. Tenía olor a whisky. No tenía ni un título. Lo invente con la venia de Antonito y Zuza ("lo peor ya pasó"). Esa noche se perdió en lo de Tinelli. Estuve una hora solo adentro del despacho.


Lole me dijo una vez que el mas hijo de puta del circo de la F-1 era Lauda.


Menotti lo dijo: "Todo aquel que estuvo cinco minutos con Menem, a solas, salió siendo menemista".


Macri me convocó en marzo de 2016 a Olivos. Había olor como a pachuli y apareció con zapatos náuticos, pantalón de lino blanco y camisa de seda azul. A la fresca, se vino el chetaje, pensé.


Nunca conocí un tipo con poder más austero que Binner. Me asaba una.morcilla, un chorizo y un pedazo de falda. Cómo soy abstemio, me compraba él un sifón de soda. Malla con medias y ojota y camisa, así me recibía. Una lamparita de 25 en un quincho que era un antro. hablábamos de mujeres, también.

Con Lilita carancheamos 3 bogas y un pacú en Don Ferro. Era pleno enero. 40 grados a la sombra,. No les aflojamos a los pescados al borde del río Paraná.


Con Alberto Flamarique nos llevábamos bárbaro. Yo lo volvía loco con los puterios del cabaret de Garbellano transformado en libro. Me lo hizo llevar a Pan y Manteca (un bar rosarino) y me explicó quién era el mendocino sado y el que media glandes con un centímetro.


Con Chacho Álvarez éramos amigos. Cuando vino a Rosario en el Tango O2 (De la Rúa estaba en China) almorzamos a las 6 am en el hotel Riviera. Por ahí baja una persona pública, actual funcionaria. Chacho me mira y se pone el dedo en la boca: say no more.


Yo era el periodista preferido de Reutemamn y los colegas socialistas -que eran el 99% en Rosario- me odiaban. Por suerte yo no, nunca tuve odios. Y ganaba siempre Lole.


Los mejores tallarines, la mejor salsa pomarola y el mejor queso rallado lo comí en casa del gobernador Tati Vernet en Fisherton.


Binner me invitaba a comer asado. Y nos quedábamos hasta las 4 am. En casa no me creían. Hazte fama.


El gobernador con el que más hablé fue con Reutemamn. Un día estábamos conversando, con él tirado en el piso del despacho y llamó Berlusconi. "Ciao Silvio", dijo. Y me guiño un ojo. Se fue a hablar al balcón. Después, cuando volvió, me dijo: "Quería saber por qué no quise ser presidente".


Lifschitz fue el gobernador con el que más veces comí. Y con Macri fue con el que estuve la mayor cantidad de veces en Olivos.


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